Venta de Motorola: en el momento adecuado y de la forma correcta

La adquisición de “los despojos” de Motorola Mobility por parte de Lenovo satisface tanto a esta como a Google, pero acaba definitivamente con una histórica, diluida en múltiples operaciones de división.

Logotipo de Motorola

La noticia bomba de ayer por la noche y que lo será a lo largo de todo el día de hoy es, sin duda, la venta que Google ha hecho de su división Motorola Mobility a Lenovo. O, con mayor propiedad, Google se ha quitado de encima los despojos inservibles (inservibles para ella, claro…) de Motorola tras quedarse con lo que le interesaba.

La Motorola Mobility adquirida por el gigante de Internet en 2012 era una empresa en horas bajas, cuyos -por otra parte excelente- productos no fueron comprendidos ni muy bien recibidos por el público. Un concepto tan revolucionario como el ATRIX, que centraba toda la actividad tecnológica del usuario en su smartphone convirtiéndolo en su computadora portátil y su centro de ocio multimedia, no disfrutó del éxito de ventas esperado, pese a convertirse en un producto de culto entre los más geeks.

Pero a Google, y pese a que en aquellos momentos no transcendiera, no le interesaba Motorola en sí, si no su porfolio de patentes y el potente departamento de I+D, y aunque es posible que en las negociaciones previas entre ambas empresas surgiera el tema de una compra parcial, es lógico pensar que a Motorola no le interesara, ya que ello significaría vaciarla totalmente de contenido e interés.

Por lo tanto, Google se vió en la tesitura de tener que ‘cargar’ con toda Motorola Mobility. Por lo tanto ¿qué hacer con el resto que no era de su interés?

Me permito la libertad de especular que lo que ha estado haciendo Google desde el momento en que adquirió Motorola ha sido preparar, precisamente, esta operación de venta.

En primer lugar, se ha aplicado en conocer la estructura, proyectos, recursos y detalles de su subsidiaria, calcular cuales de estos le convenían y como asimilarlos, así como sumar lo restante para ver a qué comprador podría interesarle. Y ¿qué es lo que nos queda tras separar la R+D y las patentes de Motorola? Las marcas y la red comercial, especialmente fuerte en su país de origen, Estados Unidos.

Esto era del interés de Lenovo, ávida de poder entrar en el mercado norteamericano. Es posible que haya habido otros candidatos, pero finalmente ha sido la multinacional china la que se ha llevado el gato al agua, el segundo más importante desde que comprara el negocio de fabricación de PCs y portátiles de IBM (otra histórica norteamericana) en 2005, haciéndose con marcas tan reputadas como ThinkPad.

Pero Google no podía venderse los restos de Motorola así como así; antes tenía que reflotarla, aumentar sus ventas y devolverle prestigio y publicidad, que se hablara de ella en los medios de comunicación especializados. Y así lo ha hecho, sacando al mercado dos nuevos terminales, y pese a que al principio se salió de varios mercados (como el español en concreto y el europeo más o menos en general), está volviendo a desplegarse en ellos.

Tal vez este último movimiento de volver a mercados que parecía abandonar, responda al hecho de darle mayor valor a la compañía antes de la venta, o a una exigencia de la misma Lenovo, que se encuentra bien posicionada en el mercado asiático (sobretodo en el doméstico) pero que no lo está en Europa y menos aún en Norteamérica.

Con la operación todos ganan; porque Google no ha perdido realmente más de 7.000 millones de dólares, ya que al monto de la venta a Lenovo de casi tres mil millones hay que sumarles los más de dos que ingresó por la venta de la sección de módems de cable y otros dispositivos de consumo a ARRIS Group a finales de 2012, si no que se ha desembarazado del equipaje sobrante en su viaje para integrar lo que deseaba de la histórica compañía en su estructura empresarial y sacarle provecho más adelante.

Estos miles de millones de teóricas pérdidas pueden convertirse a la larga en muchos miles de millones más de beneficio para Google.

Y Lenovo también consigue lo que buscaba: una forma de entrar en el mercado norteamericano y, de paso, en el europeo. Y lo buscaba desesperadamente, todo hay que decirlo.

Queda por ver si el nombre Motorola dejará de existir en algún momento, con una transición de por medio, o si al menos de momento Lenovo optará por mantenerlo debido a lo conocido que es entre el público.

La única que sale perdiendo en todo este asunto es la misma Motorola como entidad, ya que no podemos hablar de empresa propiamente, si no de una subsidiaria cortada y repartida como lo fuera Polonia en el siglo XVIII.

Motorola ya no volverá a ser nunca la empresa puntera que inventó la telefonía móvil y que nos ha legado terminales como el ROKR o el StarTAC, si no solamente una marca y un logotipo en manos de una pujante fabricante más, sea china o de cualquier otra parte del mundo. Una víctima más, en definitiva, del cambiante mundo de la tecnología, troceada y diluida en sus partes en el interior de otros gigantes como ya lo fuera Palm en su momento o como lo está siendo Nokia.

Quienes salen ganando son, como Rusia, Prusia y Austria en 1795, Google y Lenovo, la primera por haber esperado (y preparado) al momento adecuado y la segunda por haber sabido aprovechar la oportunidad.

 

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