Fabian Hemmert propone en el #BDigitalApps smartphones que adapten su forma

El investigador, que se ha distinguido por su trabajo sobre el futuro de la interacción entre usuarios y máquinas, ha mostrado en el evento barcelonés una serie de diseños conceptuales en los que la forma del dispositivo cambia según el tipo de interacción que el usuario haga con ellos, respondiendo incluso a estímulos procedentes de sentimientos.

Idea conceptual de un terminal con mecanismos que le harían cambiar el centro de gravedad. Imagen disponible en la web de Fabian Hemmert bajo licencia Creative Commons

Idea conceptual de un terminal con mecanismos que le harían cambiar el centro de gravedad. Imagen disponible en la web de Fabian Hemmert bajo licencia Creative Commons

Lo que Hemmert (@fabianhemmert) propuso ayer en su keynote del BDigital Apps es, básicamente, que la tecnología se acerque más al usuario interactuando con él de una forma natural, incluso podríamos llegar a definirla como ‘sentimental’, ya que mostró un concepto de dispositivo móvil que puede ‘reaccionar’ a las interacciones de su propietario como lo haría una mascota, en este caso un perro: si a uno de estos animales le rascamos la espalda, lo más probable es que la arquee para facilitarnos la tarea, y nos muestre su aprobación de alguna forma.

Sin llegar a lamernos la mano, un futuro smartphone podría variar su forma o posición mediante mecanismos mecánicos dispuestos de forma interna, para simular una reacción similar ante el hecho de que su propietario rasque o acaricie su pantalla o la superficie posterior.

Ante la disyuntiva de como tratar el acercamiento entre usuario y dispositivo, y para todos aquellos lectores que esto les huela a algo muy “freak”, diremos que la respuesta de Hemmert a este dilema fue la de acercar los dispositivos a una interacción más natural con la persona, el usuario, más parecida a la que tendría una mascota, como acabo de comentar.

Los mismos mecanismos internos que permitirían accionar determinadas partes del terminal móvil para cambiar su forma, podrían también modificar aspectos para recrear en el usuario una experiencia más vívida del uso de las aplicaciones, dar una dimensión tangible a los contenidos digitales.

Pongamos unos ejemplos: en primer lugar, un peso que bascule dentro del dispositivo, de forma que cuando utilicemos un programa de mapas con una ruta, dicho peso se vaya situando hacia el lado al cual tengamos que girar, de forma que al sostener el teléfono en nuestra mano, sentiríamos más peso inclinando el teléfono hacia donde debemos ir. Este efecto también lo podría provocar la batería moviéndose por el interior del terminal.

De la misma forma, y si simulamos la escritura manual sobre la pantalla táctil, al imitar distintas superficies como piedra o papel, podríamos cambiar la dificultad con la cual se dibujan los trazos de nuestra escritura.

En definitiva, parece tratarse de que los dispositivos desarrollen una especie de ‘lenguaje corporal’ para comunicarse con las personas de una forma más natural, comprensible, y que sean capaces de transmitir y percibir interacciones basadas en los sentimientos.

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